viernes, 8 de febrero de 2013

El almendro en flor, las abejas melíferas, mis técnicas de campo para fotografiar su relación más íntima y una gran preocupación.


Durante el mes de enero están los almendros en flor dando al paisaje árido del secano levantino ese color blanco o rosa claro, que unido a la luz suave del sol de invierno crea un ambiente de singular belleza. Aunque me gusta contemplar este espectáculo, y fotografiarlo, me apasiona más adentrarme en él y disfrutar de esa relación mutualista entre la flor del almendro y las abejas. Al color de hojas y flores y al azul del cielo se suma el zumbido de estos insectos que se integra en ese silencio sonoro del campo. Por cierto, la música seleccionada para escuchar durante la lectura de este artículo es un tema del magnifico pianista francés de Jazz Claude Bolling, “Rococo” del album “Picnic Suite”, que interpreta con su trío de piano Jazz y los instrumentistas de música clásica Jean-Pierre Rampal a la flauta y Alexandre Lagoya a la guitarra. Seguro, seguro, que Bolling lo compuso observando a las abejas en el campo, donde también se tuvo que hacer algún ensayo.


 


Las flores del almendro son hermafroditas, cada una tiene estambres y pistilo, pero los almendros son autoestériles por lo que la polinización tiene que ser cruzada para que la flor de ese fruto que es tan propio de la gastronomía mediterránea: la almendra.


Las abejas melíferas, las obreras, realizan muy disciplinádamente esta misión transportando el polen de las flores de un árbol a otro. Cuando las abejas hurgan en las flores buscando su recompensa, el polen se adhiera a los pelos de su cuerpo que están cargados de electricidad estática. Las flores para gratificar a este organismo por sus servicios le suministran a las abejas su alimento: el néctar y el polen. El néctar lo fabrica el almendro en exclusiva para la abeja en unas glándulas, los nectarios, que están situadas estratégicamente por encima del pedúnculo floral y en la base del pistilo. De esta forma cuando la abeja está faenando para extraer el néctar se transfiere algo de polen de su cuerpo al pistilo y si este es de otro árbol, pues ya probablemente tengamos una futura almendra. Realmente es una relación muy intima.


La flor del almendro además produce mucho más polen del que realmente es necesario para la polinización, de tal manera que hay un excedente importante que es para el consumo de las abejas. El polen para consumo propio lo transportan las distintas especies de abejas y abejorros siguiendo distintas estrategias evolutivas: Las más primitivas lo llevan mezclado con néctar en el buche; otras especies tienen órganos especializados como la scopa, que es como un cepillo de abundantes setas largas y que puede estar localizado en el abdomen o en las patas posteriores. Y otras, las de la familia Apidae poseen órganos aun más especializados llamados corbículas y localizados en las patas posteriores. No soy ni mucho menos un especialista en este tema –y yo diría que en casi ninguno- pero apuntaría que en algunas fotos se distingue este “capazo” de polen.


De esta forma las abejas obtienen hidratos de carbono del néctar y de los estambres, aunque estos últimos aportan también proteínas y algo de lípidos. Ciertamente una dieta muy energética pero equilibrada en cuanto que su labor requiere de un aporte importante de energía. Sólo hay que observarlas detenidamente y su incesante movimiento puede llegar a fatigarnos; es algo así como si observamos atentamente los movimientos de un niño cuando está jugando. Tremendo.

Y nosotros, los humanos, nos beneficiamos de esa relación mutualista de ambos organismos. Qué sería, por ejemplo, de la repostería mediterránea sin la miel y la almendra, el pollo en pepitoria no existiría, y cómo acompañaríamos la hueva de mújol sin almendras, y que sería de mi café con leche matutino sin miel. ¡Qué desastre!

Aunque he gastado muchas horas intentando fotografiar a las abejas en los almendros -también en mi limonero- no he llegado aún a una metodología de campo precisa y concreta. Las técnicas propias de la fotografía para este propósito en principio si las tengo ya claras. Para un día despejado y sin viento y con un objetivo zoom 18-200 mm: La velocidad de obturación la fijo en torno a 1/400 ya que tanto las abejas como yo nos movemos, y la distancia focal es por lo general entre 150 y 200 mm; la sensibilidad ISO entre 200 y 400; la abertura de diafragma la que automáticamente decide la cámara que suele ser 5,6-7,1; y subexpongo, -1/3 o -2/3, para que el color blanco de los pétalos de las flores no se “torre”.

La dificultad la encuentro en el método de campo o de “caza” fotográfica. En principio sigo dos procedimientos: Fotografía a la “Espera”, es algo así como la técnica de los pescadores submarinos para la captura de algunas especies o en determinados lugares con corrientes significativas. Me quedo quieto enfocando con la cámara fijamente una flor o un reducido grupo de flores para cuando alguna se posa, o pasa por el campo de visión, disparar. Suena bien ¿no? Pues no, lo normal es que aunque haya muchísimas abejas revoloteado por ese árbol ninguna se ponga a “tiro”. Me inquieto, e incluso llego a ponerme ansioso, muevo la cámara a otra posición y es, en ese preciso momento, cuando alguna se acerca a la dichosa flor; cuando vuelvo a la posición inicial por lo general ya se ha ido. Bueno, alguna vez lo consigo.


La segunda técnica es Fotografía “EQC” o “Estate Quieta Coño” o “Estate Quieta Carajo”, cuya denominación surge de la frase que repito constantemente cuando la pongo en práctica; pero eso sí, con respeto y mucho cariño. Consiste en seguir con la cámara a un ejemplar concreto. Aquí surge un problema añadido: utilizar el autofocus o el enfoque manual. El problema con el autofocus es que, aunque suele ser rápido y certero, cuando estas siguiendo algún ejemplar, y justo cuando vas a disparar, se interpone algún objeto -una rama, una hoja o una flor- y, como al menos mi cámara no es capaz de conocer mis intenciones, enfoca el objeto extraño no deseado y la abeja queda en la fotografía desenfocada. Entonces desactivo el autofocus-autodesenfocus, manualmente voy enfocando continuamente pero como la profundidad de campo es pequeña, el bicho no se está quieto, y yo debo de ser muy lento, cuando disparo la abeja se ha salido del campo de visión o queda en una esquina. Hay otra circunstancia adversa: localizas una abeja trajinando en una flor, te aproximas, no puedes evitar pensar que tienes suficiente tiempo, decides una exposición apropiada, enfocas y cuando estas presionando el disparador se mueve o se va. Bueno, alguna vez lo consigo. Así que en una jornada de estas, finalmente mezclo las técnicas y opciones, y realmente aún no se cual es el procedimiento más apropiada o eficaz. No, no consigo ser metódico, pero me lo tomo con buen humor y realmente paso unos momentos muy divertidos.


Existe, no obstante, una tercera técnica que creo haber descubierto en casa cuando estoy viendo las fotografías en el ordenador – Sistema Operativo GNU/Linux por supuesto- y editando los archivos RAW: Fotografía al “Tuntún”. Hay fotos que estoy convencido que he disparado sin ser del todo consciente, incluso apostaría que de forma fortuita, y en algunas de estas, premio: una preciosa imagen de ese momento intimo de la relación mutualista de las abejas y las flores que tanto me gusta fotografiar. Idílico.


Idílico sí, pero preocupante también. Todos tenemos que estar preocupados. Muy, muy preocupados. Porque abejas y abejorros están en peligro, las causas son varias, y las repercusiones ecológicas y económicas tremendas. Ver por ejemplo: “La desaparición de las abejas en todo el mundo: un problema ecológico y económico”, “Global honey bee colony disorders and other threats to insect pollinators”, “Riesgos para las abejas asociados a insecticidas neonicotinoides”, o “Múltiples vías de exposición a los pesticidas en abejas que viven cerca de campos agricolas”, y etc., etc, etc.  

Saludos flamencos,

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10 comentarios:

  1. Como siempre "Beñi", tus artículos (no carnivorescos; jejeje) son una alegría para leer, informarse y detallar mucho más la naturaleza, muchísimas gracias por tu tiempo y tu compartir.

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    1. Amigo Recupero, espero no disgustarte mucho pero uno de los próximos artículos es carnivoresco. Muchas gracias por tus comentarios, siempre son bien recibidos.

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    2. Y bueno... que le vamos a hacer... Yo no me disgusto; es tu elección como fue la mía hace ya algunos años, respeto todo lo que a gastronomía se trate, pero mi preferencia se aleja de todo lo que tenga procedencia animal, no critico, no ataco, no discrepo, si me piden información y orientación la doy, tampoco soy un vegetariano fanático jejeje.
      Por lo demás, en común tenemos nuestro GNU/Linux.
      Un Abrazo Mágico. ;)

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    3. Era una broma amigo. El término "carnivorescos" me hizo mucha gracia.

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    4. Amigo Benji, esta vez te ha faltado el flamenco asociado a las abejas.

      Los habitos alimenticios entran dentro de la vida privada de cada cual, algunos disfrutamos carnivoreando, pero tenemos la disculpa que lo regamos con vino de procedencia vegetal.

      Un fuerte abrazo a todos. Miguel

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  2. Gracias Beñi , yo me quedo horas debajo de mis almendros ( de variedad marcona con flor rosa ) . Solo el olor que emanan las flores , mezcla del néctar y el polen, despiertan en mí un ansia de felicidad inigualable que activa el apetito ... no solo el de comer !!
    El zumbido armonioso del batir de alas de tantas abejas te envuelve como un mantra evocador de tiempos remotos ... deberías venir a fotografiarlas en Moratalla , hay tantas abejas libando al mismo tiempo que solo tienes que disparar con los ojos cerrados . ja ja ja
    Es un feliz preámbulo de la primavera y una inigualable combinación de la naturaleza .Comparto tu preocupación por las abejas pero positivo al verlas año tras año venir a visitarme sin más , solo tenemos que convencer al resto de la humanidad de que no usen pesticidas !! abrazo fuerte . Emilio Gil .

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  3. Otra de mis colecciones favoritas con azules impresionantes.

    Saludos

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    1. Los azules del cielo en días muy nítidos y luminosos.
      Saludos flamencos,

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  4. Hay muchos azules, pero tengo debilidad por los cielos, sobre todo con nubes blancas.

    Saludos.

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    1. Las nubes blancas dispersas y algonodosas, crean contraste, relieve y profundidad y las fotografías quedan más "vivas".

      Saludos flamencos,

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